
FRANK Murphy, el vigilante nocturno del Banco Random, terminó su última ronda y frotándose enérgicamente las manos para hacerlas entrar en calor, miró la hora. Las ocho menos trece minutos.
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FRANK Murphy, el vigilante nocturno del Banco Random, terminó su última ronda y frotándose enérgicamente las manos para hacerlas entrar en calor, miró la hora. Las ocho menos trece minutos. Ni un minuto antes ni un minutes después, entraría por la puerta el cajero, el hombre más puntual de todo New York. Después irían llegando el director de la sucursal y los restantes empleados y Murphy podría marcharse a su casa a beberse un buen vaso de ron caliente y a meterse entre las sábanas.