
UNA lluvia fina y helada de marzo se abatía sobre Washington, y del Potomac se elevaba una bruma que hacía presagiar algo desagradable. Para una persona, Pietro Scarlati, el presagio era una realidad.
Descargar
UNA lluvia fina y helada de marzo se abatía sobre Washington, y del Potomac se elevaba una bruma que hacía presagiar algo desagradable. Para una persona, Pietro Scarlati, el presagio era una realidad. Scarlati, de cincuenta y tres años, bajo, firme, duro, muy bien vestido en un traje de doscientos dólares hecho a medida, abandonó su lujoso despacho alfombrado del edificio del Sindicato Nacional de Estibadores.