
El día era francamente maravilloso. El sol lucía con bastante fuerza en un cielo purísimo de color azul turquesa y el aire, aunque cálido, transportaba a lo largo y lo ancho de la pradera ese efluvio acariciante de las flores silvestres,…
Descargar
El día era francamente maravilloso. El sol lucía con bastante fuerza en un cielo purísimo de color azul turquesa y el aire, aunque cálido, transportaba a lo largo y lo ancho de la pradera ese efluvio acariciante de las flores silvestres, del romero, de la artemisa y de tantas plantas distintas en plena floración. Un cansado jinete discurría por la polvorienta senda en la que de vez en cuando algún árbol frondoso se alzaba al borde del sendero y ofrecía por un momento la grata sombra de sus tupidas ramas.