—No sé cómo pudiste ponerle un nombre semejante… ¡No es el más adecuado para un periódico! —¿Por qué no? —preguntó ingenuamente Shorty Sanders. —Oh, diablos, ¿y aún lo preguntas? —rezongó Sam H. Pearson—: Es un nombre feo y de mal gusto.
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—No sé cómo pudiste ponerle un nombre semejante… ¡No es el más adecuado para un periódico! —¿Por qué no? —preguntó ingenuamente Shorty Sanders. —Oh, diablos, ¿y aún lo preguntas? —rezongó Sam H. Pearson—: Es un nombre feo y de mal gusto. Además… además soy de los que opinan que los epitafios distan mucho de ser sentencias o verdades sobre el difunto. Más bien diría que son mentiras escritas en la piedra de la lápida…
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