
Echó a correr. De repente. Como el andén estaba medio vacío sus tacones resonaron casi con estrépito a medida que sus piernas imprimían mayor velocidad a la carrera. Lo vi, sí. Al descender del vagón.
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Echó a correr. De repente. Como el andén estaba medio vacío sus tacones resonaron casi con estrépito a medida que sus piernas imprimían mayor velocidad a la carrera. Lo vi, sí. Al descender del vagón. Pero me sucedió lo que a los pájaros cuando una serpiente los mira con fijeza antes de devorarlos. No atiné a moverme.