
Reb Shelby detuvo, ante un pequeño arroyo que se había helado en su cauce, el brioso caballo que montaba y echó un vistazo al otro lado. Sobre una gruesa y devastada rama de árbol que los vientos fríos del Norte habían medio inclinado, se…
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Reb Shelby detuvo, ante un pequeño arroyo que se había helado en su cauce, el brioso caballo que montaba y echó un vistazo al otro lado. Sobre una gruesa y devastada rama de árbol que los vientos fríos del Norte habían medio inclinado, se destacaba una descolorida pancarta, y en ella, unas letras medio despintadas por la lluvia le advertían que aquel terreno pertenecía ya a Nueva México.