
—Buenos días, señores. Jean Paul Maubert soltó la voluminosa carpeta que llevaba entre las manos sobre la mesa y echó un vistazo a los rostros de sus alumnos que le seguían con la mirada sin perder el más mínimo detalle.
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—Buenos días, señores. Jean Paul Maubert soltó la voluminosa carpeta que llevaba entre las manos sobre la mesa y echó un vistazo a los rostros de sus alumnos que le seguían con la mirada sin perder el más mínimo detalle. —Hoy —comenzó a hablar— será nuestro último día de clase hasta que regrese de la expedición. Espero que mi suplente, el señor Fleuri, al que ya conocen, sea de su agrado. —Señor profesor...