
LA mujer tenía unos treinta años y era alta, casi demasiado alta, pero de hermosas proporciones. Llevaba un abrigo de visón y se tocaba con un sombrero de la misma piel.
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LA mujer tenía unos treinta años y era alta, casi demasiado alta, pero de hermosas proporciones. Llevaba un abrigo de visón y se tocaba con un sombrero de la misma piel. Examinó la casa durante un momento, después de bajarse del «Jaguar» que había conducido ella misma. Luego, atravesó la puerta de cancela y se dirigió al interior. El empleado, dentro de su caja de cristal, se puso en pie al verla.