
EL furgón de la funeraria se adentró por el camino que conducía rectamente a la enorme mansión del doctor Cooper. El conductor del furgón y el hombre sentado junto a él, también empleado de la funeraria, no se recataban de evidenciar el…
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EL furgón de la funeraria se adentró por el camino que conducía rectamente a la enorme mansión del doctor Cooper. El conductor del furgón y el hombre sentado junto a él, también empleado de la funeraria, no se recataban de evidenciar el nerviosismo que les producía el traslado de ese cadáver. De cuando en cuando miraban atrás, al ataúd de pino sin pintar que transportaban. Como si temiesen que su tapa fuera a levantarse de un momento a otro y el muerto amenazase con salir del ataúd y reanudar su alucinante carrera de crímenes horribles. Solo Jay Fisher, el sheriff de Waden City, sentado junto a la portezuela, se mostraba tranquilo, sereno.