LEVANTÓ la cabeza. Cuidó mucho de que el ala del sombrero le cubriese el sol que quemaba con fuerza. Pero pudo ver el letrero, junto al camino polvoriento. La madera estaba sucia, pero podía leerse claramente: «Pueblo Podrido».
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LEVANTÓ la cabeza. Cuidó mucho de que el ala del sombrero le cubriese el sol que quemaba con fuerza. Pero pudo ver el letrero, junto al camino polvoriento. La madera estaba sucia, pero podía leerse claramente: «Pueblo Podrido». El jinete sonrió.