
Andar a ciegas es un feo deporte. Y si a las tinieblas se añaden diez horas de trabajo como mecánico, una disciplina rígida y un jefe de taller que es una mala bestia, las cosas se complican más y la vida se convierte en algo asqueroso.
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Andar a ciegas es un feo deporte. Y si a las tinieblas se añaden diez horas de trabajo como mecánico, una disciplina rígida y un jefe de taller que es una mala bestia, las cosas se complican más y la vida se convierte en algo asqueroso. Los que trabajamos en la Base de Experiencias Nucleares de Nevada, somos como presidiarios distinguidos.