Los disparos conmovieron la vida tranquila de aquel domingo. Solo en domingo era realmente tranquila la vida de La Plata. Pero aquel día, las cosas fueron diferentes. Dos disparos tuvieron la culpa.
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Los disparos conmovieron la vida tranquila de aquel domingo. Solo en domingo era realmente tranquila la vida de La Plata. Pero aquel día, las cosas fueron diferentes. Dos disparos tuvieron la culpa. Solamente dos disparos a mediodía, cuando el sol calentaba la calle empinada de la población, reptando, serpenteante, entre los edificios de madera o ladrillo, hacia lo alto de la colina y las oficinas y almacenes de la Silver Minning Co., reducidas en la fecha festiva a su más absoluta quietud.