
Había muerto Koassis, la atormentada criaturilla de las estrellas. La radiactividad fue la causa del fatal desenlace y todos mis esfuerzos profesionales para impedir la tragedia se estrellaron contra un organismo corroído ferozmente y…
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Había muerto Koassis, la atormentada criaturilla de las estrellas. La radiactividad fue la causa del fatal desenlace y todos mis esfuerzos profesionales para impedir la tragedia se estrellaron contra un organismo corroído ferozmente y ulcerado por las quemaduras atómicas. Luchó con denuedo en su agonía para revelarme los enigmáticos peligros que aguardaban a Isótom 81 nada más se produjese el fallecimiento. Yo recordaba perfectamente sus últimas palabras, musitadas entre estertores preletales que todavía dificultaban más su torpe pronunciación del idioma terrícola. Cuando Marcia y yo abandonamos la habitación en cuyo lecho yacía durmiendo el eterno sueño de la muerte, para dirigirnos a mi despacho particular a fin de comunicar al profesor Harring lo ocurrido, no cesaba de darles vueltas en la mente.