COMO siempre, la culpa de todo la tuvo una pelirroja. Con la mano puesta sobre el corazón confieso y reconozco que las pelirrojas constituyen una de mis muchas debilidades.
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COMO siempre, la culpa de todo la tuvo una pelirroja. Con la mano puesta sobre el corazón confieso y reconozco que las pelirrojas constituyen una de mis muchas debilidades. Pero, aunque parezca jactancioso por mi parte, he de proclamar con idéntica sinceridad que con Leslie se cambiaron las tornas. Porque si yo siento debilidad por las pelirrojas, lo que ella sentía por mí era algo muy parecido a la anemia perniciosa en su último grado.