—¿Cuál es tu última voluntad, Shet Monroe? Shet no respondió enseguida. Se irguió, dentro de la celda. Contempló a los que le miraban desde el umbral de la misma.
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—¿Cuál es tu última voluntad, Shet Monroe? Shet no respondió enseguida. Se irguió, dentro de la celda. Contempló a los que le miraban desde el umbral de la misma. Sus ojos verdes, fríos, impasibles, desfilaron por encima de los rostros del reverendo, del marshall , los dos comisarios y el alcalde Temple.