
Lucía abrió los ojos. Notó que la luz se asomaba por la ventana y escuchó a los habituales pájaros cantar. Miró el reloj en su buró: marcaba las siete en punto.
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Lucía abrió los ojos. Notó que la luz se asomaba por la ventana y escuchó a los habituales pájaros cantar. Miró el reloj en su buró: marcaba las siete en punto. ¡Es ya de mañana –pensó- y hoy es Navidad! Mientras bajaba las escaleras, Lucía se preguntaba, con emoción creciente, cuál de todas las cosas que había pedido en su carta le había traído Santa Claus ¿El vestido de Princesa?; ¿La bicicleta azul con canastilla y campana?;… ¡Otra muñeca no, por favor! –Dijo en voz baja- ya no soy una pequeña niñita. Tengo nueve años, ¡ni más ni menos! Entró a la sala como un torbellino. Algo, sin embargo, no estaba bien ahí: Lucía se quedó muda, pasmada frente al árbol navideño. Abrió los ojos bien grandes, como platos, y sintió que el mundo entero se detenía por un instante. No había regalos bajo el árbol. **** En este breve cuento navideño, Lucía encontrará -junto con sus pequeños lectores- que el valor de la Navidad se encuentra en la generosidad, la familia... y el niño pequeño que duerme en un pesebre. Desde 2 años.