
En sus investigaciones científicas en la búsqueda de la neutralización de los gases de guerra, el profesor Gérol hizo un inesperado descubrimiento, un veneno que reunía en sí solo los efectos más peligrosos: bastaba una gota para producir…
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En sus investigaciones científicas en la búsqueda de la neutralización de los gases de guerra, el profesor Gérol hizo un inesperado descubrimiento, un veneno que reunía en sí solo los efectos más peligrosos: bastaba una gota para producir la muerte instantánea y el producto era indetectable. Sólo una dilatación considerable de las pupilas acompañaba a la muerte, despareciendo al cabo de veinticuatro horas. Bautizó este veneno con el nombre de sormetina y lo guardó en su caja fuerte no comunicando a nadie, si exceptuamos a su ayudante de laboratorio Marcel Valin, su descubrimiento. Sin embargo, un par de días después el banquero Dirac, amigo personal del profesor que proporcionaba la ayuda financiera al laboratorio, aparece muerto en su despacho, con las pupilas espantosamente dilatadas. Cuando el profesor va a comprobar la probeta de la somertina que tenía guardada en la caja fuerte, y de cuya existencia unicamente Marcel Valin y él eran conocedores, así como de la combinación de la caja, comprueba horrorizado que el contenido había sido robado y reemplazado por agua. ¡Y el profesor está seguro de que tanto él como su ayudante son inocentes!