
Una oleada de reporteros inundó la casa. Duke les vio llegar y comprobó personalmente la gran verdad de que nada puede detener a la Prensa. Ni timbres de alarma, ni ojos eléctricos, ni, seguramente, cables de alta tensión.
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Una oleada de reporteros inundó la casa. Duke les vio llegar y comprobó personalmente la gran verdad de que nada puede detener a la Prensa. Ni timbres de alarma, ni ojos eléctricos, ni, seguramente, cables de alta tensión. Eran caballeros (Caballeros de la Prensa) y, por lo tanto, no necesitaban pedir permiso para meterse donde se les antojara. Lo hacían y luego, una vez dentro, uno de ellos chilló...