
Dejando atrás los extensos corrales de Wichita, donde el ganado esperaba su turno para ser embarcado en el ferrocarril, la caravana de carros se adentró en la ondulada pradera. Corría el mes de junio.
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Dejando atrás los extensos corrales de Wichita, donde el ganado esperaba su turno para ser embarcado en el ferrocarril, la caravana de carros se adentró en la ondulada pradera. Corría el mes de junio. La primavera había sido pródiga en copiosas lluvias, y la pradera, en todo cuanto alcanzaba la vista, era un verde mar de hierba.