
Eugenio Bustamante pareció rumiar las palabras de su hermano. Este, por su parte, le observaba entre irónico y burlón. Por fin el abogado refunfuñó: —Creí que la historia de la chica enamorada de su tutor era solo cosa de novela.
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Eugenio Bustamante pareció rumiar las palabras de su hermano. Este, por su parte, le observaba entre irónico y burlón. Por fin el abogado refunfuñó: —Creí que la historia de la chica enamorada de su tutor era solo cosa de novela. Por lo visto, también se da en la vida real. Francisco observó, siempre burlón: —Lo más lógico sería que tú te hubieses enamorado de ella. —¿Por qué ha de ser lógico? —¿No te parece una chica muy bonita?