
LON Lanyard y sus muchachos desembarcaron el ganado que habían traído desde Kansas en la solitaria estación de Munro y lo reunieron en la verdeante explanada detrás de las edificaciones.
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LON Lanyard y sus muchachos desembarcaron el ganado que habían traído desde Kansas en la solitaria estación de Munro y lo reunieron en la verdeante explanada detrás de las edificaciones. Era una hermosa mañana de mayo y el sol brillaba limpio, calentando bastante para aquella tierra. Un hombre alto y delgado, con insignia de agente de la Ley, estuvo contemplando el trabajo de los vaqueros recién llegados con ojos de buen conocedor y finalmente se aproximó a Lon. —Ése es un buen ganado, vaquero. ¿Piensan establecerse aquí con él? Los ojos negros, con destellos azules, de Lon Lanyard, sostuvieron la mirada del sheriff . —Ciertamente que no —repuso, aceptando la bolsa de tabaco que se le tendía—. Nosotros sólo somos conductores. Nos hicimos cargo de este ganado en Abilene y hemos de entregarlo a un tal McGregor en su rancho a orillas del Bad River. Creo que eso está a algunas millas al noroeste de aquí.