
PESE a que estaban en diciembre, el calor dentro de aquella habitación parecía hacerse inaguantable. El único inglés de la reunión, Alec Bailey, se había pasado ya la lengua una docena de veces por sus resecos labios cuando apareció…
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PESE a que estaban en diciembre, el calor dentro de aquella habitación parecía hacerse inaguantable. El único inglés de la reunión, Alec Bailey, se había pasado ya la lengua una docena de veces por sus resecos labios cuando apareció Palaniai. Durante unos minutos, los que la joven tardó en subir las escaleras que conducían a la habitación ocupada por los guerrilleros, los cuatro hombres permanecieron inmóviles. Hasta que uno de ellos, Smail, reconoció los pasos de la joven. Ella entró poco después a la pieza. Y los cuatro hombres miraron su mano. El destino de uno de ellos, seguramente la muerte de uno de ellos, dependía en gran parte de los largos dedos de la muchacha.