Los estampidos fueron bruscos. Muy bruscos. Tanto, que los buitres que se hacinaban sobre los restos de un caballo descarnado y maloliente que yacía en el desierto, levantaron el vuelo, lanzando graznidos coléricos.
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Los estampidos fueron bruscos. Muy bruscos. Tanto, que los buitres que se hacinaban sobre los restos de un caballo descarnado y maloliente que yacía en el desierto, levantaron el vuelo, lanzando graznidos coléricos. Su festín se había interrumpido desagradablemente para ellos. Los disparos continuaron durante unos momentos.