
A pesar de sus veinticinco años, Jim Spearman era como una criatura. Quizá contribuyese a ello que vivió siempre alejado de otros jóvenes de su edad, incluso de los seres humanos la mayor parte del tiempo, desde que tenía uso de razón.
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A pesar de sus veinticinco años, Jim Spearman era como una criatura. Quizá contribuyese a ello que vivió siempre alejado de otros jóvenes de su edad, incluso de los seres humanos la mayor parte del tiempo, desde que tenía uso de razón. A la muerte de su padre, acaecida cuando era muy niño —no conoció a su madre—, su tío se lo llevó a vivir con él en el escenario agreste de East Walchett.