
Eran las once de la mañana; Goreli, en la Siberia del Norte, era una extensión ilimitada de nieve deslumbradora. El cielo parecía una enorme cúpula de color azul claro, en la que resplandecía un sol frío.
Descargar
Eran las once de la mañana; Goreli, en la Siberia del Norte, era una extensión ilimitada de nieve deslumbradora. El cielo parecía una enorme cúpula de color azul claro, en la que resplandecía un sol frío. El termómetro señalaba 36º bajo cero. El dirigible “Estrella del Norte” se elevó lentamente a quinientos metros desde el hangar cubierto de nieve. Su casco, en forma de cigarro, resplandecía a la luz del sol. La pequeña tripulación de tierra tenía los ojos fijos en las alturas.