—Es la hora, amigo. Así de breve, de frío y de indiferente. Como si careciera de importancia. Y, sin embargo, era el momento decisivo. El último. El hombre de la celda se puso en pie con lentitud. Parecía más cansado que asustado.
Descargar
—Es la hora, amigo. Así de breve, de frío y de indiferente. Como si careciera de importancia. Y, sin embargo, era el momento decisivo. El último. El hombre de la celda se puso en pie con lentitud. Parecía más cansado que asustado. Al pasar ante el delgado filete de luz que penetraba por aquel ventanuco enrejado, sus facciones pálidas, enjutas y estiradas, no reflejaban emoción alguna.