
PEGGY Johnson miró la casa. Tenía uno no sé qué que sobrecogía el ánimo, que hacía pensar en vampiros y tumbas ocultas. La fachada de la casa estaba a unos metros más allá de la verja. Podía tener muy bien cien años cumplidos.
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PEGGY Johnson miró la casa. Tenía uno no sé qué que sobrecogía el ánimo, que hacía pensar en vampiros y tumbas ocultas. La fachada de la casa estaba a unos metros más allá de la verja. Podía tener muy bien cien años cumplidos. Construida en piedra, hasta las ventanas trepaban viejas enredaderas. La puerta era de bronce y sobre ella campeaba un escudo que podía significar cualquier cosa. Era una casa grande, oscura y estaba situada al fondo de una tranquila calle.