No esperaban encontrarlos tan pronto. Los abigeos habían tenido toda la noche y parte de la mañana para alejarse del rancho. Arl Carson, el capataz, señaló al fondo de la cañada.
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No esperaban encontrarlos tan pronto. Los abigeos habían tenido toda la noche y parte de la mañana para alejarse del rancho. Arl Carson, el capataz, señaló al fondo de la cañada. —¡Ahí los tenemos! ¡Valientes estúpidos! ¡Se han detenido a remarcar! En un recodo de la cañada se veía una hoguera y gente manipulando con los hierros. Arl observó el lugar donde se habían detenido los ladrones de ganado. —Todo será fácil. Están demasiado «atareados».