
Londres estaba envuelto en una densa, niebla. Los potentes faroles de las calles formaban pequeñas manchas luminosas a través de las cuales se precipitaban innumerables personas, tosiendo y atropellándose, en dirección a los trenes y…
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Londres estaba envuelto en una densa, niebla. Los potentes faroles de las calles formaban pequeñas manchas luminosas a través de las cuales se precipitaban innumerables personas, tosiendo y atropellándose, en dirección a los trenes y autobuses. Interior de la estación de Charing Cross. En uno de los largos y estrechos andenes que irradiaban de la estación principal, varias personas estaban esperando el tren de Dover, que en aquel momento llegaba con un cuarto de hora de retraso.