
A Irving Harvey, le extrañó. Le sorprendió que Marion, una chica alegre y divertida, jovial y risueña, de continuo dispuesta a estallar en carcajadas, le llamase a tales horas de la noche con aquel tono perentorio y casi patético.
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A Irving Harvey, le extrañó. Le sorprendió que Marion, una chica alegre y divertida, jovial y risueña, de continuo dispuesta a estallar en carcajadas, le llamase a tales horas de la noche con aquel tono perentorio y casi patético. Se habían conocido cinco días atrás y habían intimado todo cuanto pueden intimar un hombre y una mujer. Su voz, no era la misma de pocas horas antes. Sonaba temblorosa, asustada, con ribetes dramáticos. —¡Irving…!