
—Si algún día te pongo la mano encima, Sterling, te aseguro que no habrá nadie capaz de salvarte de la cuerda. Aquella era una sentencia de muerte. Joe Sterling no podía olvidarse de ella.
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—Si algún día te pongo la mano encima, Sterling, te aseguro que no habrá nadie capaz de salvarte de la cuerda. Aquella era una sentencia de muerte. Joe Sterling no podía olvidarse de ella. Si en todo el ámbito del Oeste, desde el comienzo de las grandes llanuras centrales hasta el Océano Pacífico, hubo un sheriff capaz de cumplir su palabra, ese sheriff no podía ser otro que Buck Wrandock.