Las dos mujeres y el niño lloraban en un rincón de la cabaña. El hombre apostado en la ventana dejó de disparar su rifle y se volvió airado hacia ellos.
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Las dos mujeres y el niño lloraban en un rincón de la cabaña. El hombre apostado en la ventana dejó de disparar su rifle y se volvió airado hacia ellos. —¡Callaos de una maldita vez! —rugió con voz áspera, encañonándoles con su Winchester humeante—. ¡Callaos los tres o voy a convertiros en un colador a cada uno de vosotros!