ABRÍ los ojos. Los pájaros trinaban junto a mí. Su música era tenue, rítmica, vibrátil. El agua corría a mi lado perezosamente. Me mojó la mano, hundida en la blanda hierba. Tardé algo en comprender, en despejarme.
ABRÍ los ojos. Los pájaros trinaban junto a mí. Su música era tenue, rítmica, vibrátil. El agua corría a mi lado perezosamente. Me mojó la mano, hundida en la blanda hierba. Tardé algo en comprender, en despejarme. No bastaba abrir los ojos para ello. Había que abrir también la mente. Y eso costaba más.