
Despertó. No fue uno de sus despertares acostumbrados, en los cuales pasaba del sueño a la conciencia de una manera rápida, equilibrada. No. Fue un lento peregrinaje al «yo», entre brumas dolorosas. Todo parecía dolerle.
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Despertó. No fue uno de sus despertares acostumbrados, en los cuales pasaba del sueño a la conciencia de una manera rápida, equilibrada. No. Fue un lento peregrinaje al «yo», entre brumas dolorosas. Todo parecía dolerle. La cabeza, el cuerpo, las piernas… Cuando abrió los ojos, ignoraba aún dónde estaba. Los hizo girar a un lado y otro hasta conseguir enfocarlos bien. Una puerta pintada de blanco fue lo primero que le llamó la atención. No estaba en su cuarto, desde luego, porque el suyo tenía la puerta oscura.